El empresario tecnológico Adam Robinson viajaba con su esposa, sus dos hijos pequeños y otros tres pasajeros. La tragedia también cobró la vida del capitán Jeff Gregory, de 55 años, y de la copiloto Nathalia Gadelha, de 20.
Una familia de Texas quedó completamente devastada por el accidente de un avión ejecutivo Learjet 60 que se estrelló el domingo 1 de noviembre en Greenacres, en el condado de Palm Beach, Florida. Entre las nueve personas fallecidas se encontraban el empresario tecnológico Adam Robinson, de 44 años según los reportes de TMZ, su esposa Helen Sharp y sus dos hijos pequeños, Emma, de cuatro años, y Charlie, de dos. La familia viajaba desde Austin, Texas, con destino a las Bahamas.
En el avión también iban la niñera de los niños, Anita Maria Apellido Cetina, y dos amigos cercanos de la pareja, identificados como Rachael Reed y Charmi Fehr. En un comunicado difundido tras la tragedia, los familiares recordaron a Adam y Helen como padres entregados y destacaron el cariño y la dedicación con los que Anita cuidaba de los pequeños, a quienes consideraba parte de su familia.
Los otros dos ocupantes eran los integrantes de la tripulación: el capitán Jeff Gregory, de 55 años, y la copiloto Nathalia Gadelha Filgueiras, una joven brasileña de apenas 20 años que había obtenido su licencia de piloto a los 17 y acumulado más de 1.300 horas de vuelo. Su temprana trayectoria profesional había convertido su historia en una de las más comentadas tras conocerse la identidad de las víctimas.
El Learjet 60 se precipitó en una zona residencial del condado de Palm Beach y se incendió tras el impacto. Antes del accidente, la tripulación había informado de condiciones meteorológicas adversas, con turbulencia y acumulación de hielo. La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte de Estados Unidos (NTSB) investiga las circunstancias del siniestro y ha advertido que aún no se ha determinado la causa definitiva.
La tragedia ha dejado nueve víctimas mortales y un profundo dolor entre familiares y allegados. La pérdida de dos niños pequeños junto a sus padres, sus cuidadores, amigos y los dos profesionales de la aviación ha convertido este accidente en una historia marcada por la dimensión humana de una investigación que apenas comienza.