No cambió Venezuela… Cambió Europa… por Javier Núñez Leal

Darwyn Rosales

mayo 18, 2026

La izquierda europea defendió la migración venezolana hasta que el coste político aumentó. Durante años el éxodo de venezolanos fue capaz de generar consensos impensables entre la izquierda y la derecha. Esto ocurría porque para la derecha, consideraba que esta crisis migratoria representaba el fracaso del modelo chavista, mientras que para la izquierda “democrática” eran “víctimas humanitarias” que merecían solidaridad.

En cualquier caso, era muy común ver a un líder opositor venezolano reunido con ambos bandos en cualquier país de Europa. Había empatía, comprensión, incluso me atrevo a decir, que se respiraba un aire de responsabilidad moral por parte de la izquierda europea. Sin embargo, en 2025 algo cambió y muchos no lo notaron. Se empezo a ver con recelo a la migracion venezolana que no paraba de llegar a Europa.

En 2026, tras la captura de Nicolás Maduro, el discurso dio un giro total. Se dio inicio a una transformación del discurso en Bruselas. Muchos voceros políticos empezaron a ver en la migración venezolana un problema; se dijo que mientras las solicitudes de asilo bajaban, gracias al Pacto Migratorio, las solicitudes de asilo de los venezolanos aumentaban exponencialmente, de hecho, llego a estar en el primer lugar, destronando a los sirios que habian ocupado ese espacio por mas de una decada.

La migración venezolana pasó de ser un asunto circunstancial y comenzó a precibirse en el parlamento europeo como una de las razones por las que los precios de los alquileres no dejan de aumentar, los hospitales se saturan, las escuelas públicas se aborrantan y los salarios son cada vez mas precarios.

Durante mucho tiempo el venezolano ocupó un lugar particular dentro de la narrativa migratoria europea, era percibido como un migrante “integrable”: habla español en el caso de España, en la mayoría de los casos tenía formación profesional , compartía referencias culturales occidentales y, además, escapaba de un gobierno incómodo para buena parte de Europa, incluida buena parte de la izquierda.

Sin embargo la crisis política llegó. Hay ciudadanos europeos que sienten que sus condiciones de vida empeoran. Europa ha experimentada un aumento considerable de la inflación, lo que se ha traducido en coste de vida mas caro, menos liquidez, menos capacidad de ahorro y sumado a la escasez de vivienda que ha dejado el boom migratorio, asi como el colapso de los servicios públicos, la migración se ha convertido en un tema político-electoral de mayor rentabilidad para conquistar espacios.

De manera que los cambios en políticas migratorias hacia los venezolanos no son porque cambió Venezuela, porque se restableció la democracia o porque “volvio el estado de derecho” sino porque las condiciones de Europa cambiaron. Hoy por hoy, ese malestar existe y los venezolanos han quedado en medio de una crisis migratoria que incluye diversas nacionalidades y culturas.

De manera que es más fácil señalar al recién llegado que explicar décadas de malas decisiones económicas. Cerrar la puerta a los venezolanos que huyen de una crisis economica, política y social es mas sencillo que resolver los problemas estructurales como vivienda, salud o salarios.

La migración venezolana dejó de ser vista en Europa como una tragedia excepcional y pasó a convertirse en parte del gran debate migratorio que hoy redefine la política del continente. Lo que cambió no fue necesariamente Venezuela, ni la naturaleza de su crisis, sino las condiciones internas de Europa: inflación, crisis de vivienda, desgaste de los servicios públicos y un creciente temor electoral que ha llevado incluso a sectores progresistas a endurecer su discurso.

Mientras la solidaridad representaba un valor moral sin grandes costos políticos, defenderla era sencillo; el problema comenzó cuando empezó a impactar encuestas, elecciones y estabilidad interna.

Al final, muchos líderes europeos terminaron haciendo exactamente aquello que durante años criticaron de otros: utilizar el sufrimiento humano como herramienta política. Mientras el migrante venezolano servía para condenar al chavismo y proyectar una imagen de superioridad moral, fue recibido con discursos de solidaridad y derechos humanos.

Pero ahora que representa un costo electoral, comenzaron los silencios, las restricciones y los cambios de narrativa y lo que queda evidenciado es que no les importaba los venezolanos, ni ayudarlos, sino utilizarlos y ahora que amenazan el voto de sus partidos, la solucion es desecharlos.

Por: Javier Núñez Leal (@JavierMigrante)

Periodista

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Darwyn Rosales
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