César Pérez Vivas
La nación venezolana ha recibido con profundo pesar el fallecimiento de la señora Carmen Teresa Navas, madre del preso político fallecido Víctor Hugo Quero Navas.
Este caso conmueve el alma de Venezuela. Doña Carmen Teresa representa el emblema de la madre venezolana que ha sufrido de manera desgarradora las consecuencias de un sistema político y económico oprobioso, injusto y criminal.
Hoy sentimos su partida como la de una persona cercana, porque su presencia se hizo visible ante el país cuando el cinismo y la perversión de una estructura de poder, empeñada en reprimir y aplastar toda voz disidente, terminaron destruyendo la vida de su hijo y quebrando el corazón de una madre.
El caso de Víctor Hugo no es el único, ni ha sido el primero. Dios quiera que sea el último de los dramas humanos que hemos vivido los venezolanos durante estos años de la llamada revolución bolivariana.
La camarilla política y militar encabezada por Hugo Chávez, que tomó el poder a partir de 1999, no llegó para servir a la nación ni para fortalecer los valores de la democracia, el pluralismo y la alternabilidad republicana. Se instaló para perpetuarse en el poder, movida por ambiciones desmedidas e intereses subalternos. Hoy esa realidad resulta más evidente y comprobable que nunca.
En su afán de perpetuación decidieron reprimir a todo aquel que expresara disidencia, que se convirtiera en factor de lucha o resistencia frente a ese proyecto político. Pero junto a la represión política avanzó también la perversión de la corrupción. Aprovecharon la destrucción del orden jurídico y el desprecio por los derechos humanos para instaurar un sistema de corrupción y extorsión jamás visto en la historia contemporánea de Venezuela.
Los cuerpos policiales y militares, el Ministerio Público y los tribunales han sido convertidos en instrumentos de persecución y chantaje. No existe causa que no sea objeto de manipulación o de intereses oscuros dentro de las estructuras del poder. Muchos funcionarios, amparados en la arbitrariedad y el abuso, terminaron utilizando la fuerza del Estado para humillar y destruir vidas humanas.
Por eso hoy Venezuela llora la muerte de doña Carmen Teresa.
Pero los ciudadanos también debemos reflexionar. No podemos limitarnos a escribir una nota o expresar indignación en las redes sociales. Tenemos que asumir una actitud más activa frente a esta tragedia nacional.
Las exequias de doña Carmen Teresa deberían convertirse en una manifestación moral de millones de venezolanos. Cada ciudadano debería levantar su voz, vestir de luto y expresar ante el mundo la indignación que produce el sufrimiento de una madre sometida al secuestro, al engaño, a la humillación y finalmente a la pérdida irreparable de su hijo bajo la acción de un régimen inhumano.
Quienes tenemos fe y valores espirituales elevamos hoy nuestras oraciones por el eterno descanso de doña Carmen Teresa y de Víctor Hugo Quero Navas. Pedimos a Dios que les conceda la paz eterna y que reciba sus almas en su reino.
Pero también expresamos nuestro más firme repudio por la manera cruel e injusta en que terminó su existencia en nuestra patria.
Venezuela necesita sanar estas heridas. Y esa sanación solo será posible con la salida del poder de quienes se han sostenido mediante el fraude, la violencia y la represión; y también mediante un verdadero sistema de justicia que establezca responsabilidades y aplique sanciones a quienes han cometido crímenes de lesa humanidad.
La justicia llegará. La democracia regresará. Pero los venezolanos debemos seguir luchando cada día, porque la dictadura aún permanece instalada en los centros del poder.
Pronto recuperaremos la libertad y la democracia. Entonces habrá justicia, reparación y reconciliación nacional, para que podamos sanar como pueblo y volver a ser una nación alegre, libre y esperanzada.
Descansa en paz, doña Carmen Teresa.
Lunes. 18 de mayo del 2025