El Comando Sur de Estados Unidos está elevando la presión militar contra las organizaciones vinculadas al narcotráfico en América Latina y el Caribe, con una estrategia que contempla mayor coordinación con países de la región y operaciones orientadas a detectar, interrumpir y desmantelar redes que Washington clasifica como organizaciones narco-terroristas. El propio SOUTHCOM define uno de sus cuatro objetivos estratégicos como imponer una “fricción sistémica total” sobre los cárteles y organizaciones terroristas.
La ofensiva forma parte de la nueva política de seguridad impulsada por el presidente Donald Trump y ejecutada por el secretario de Guerra, Pete Hegseth. En marzo, Estados Unidos reunió a representantes de 17 países en la primera conferencia de la Coalición de las Américas contra los Cárteles, y posteriormente la alianza se amplió a 18 miembros. Washington sostiene que el objetivo es pasar de la tradicional interdicción policial a una cooperación que incorpore capacidades militares contra las estructuras criminales transnacionales.
La estrategia ya tiene una dimensión operativa. SOUTHCOM ha informado de operaciones contra embarcaciones vinculadas, según Estados Unidos, a organizaciones terroristas designadas y rutas de narcotráfico en el Caribe y el Pacífico Oriental. Además, el Pentágono sostiene que la Operación Southern Spear ha reducido el movimiento de embarcaciones dedicadas al tráfico de drogas en esas zonas, mientras Ecuador se convirtió en marzo en el primer país de la región en realizar ataques terrestres conjuntos contra infraestructura de organizaciones criminales.
El mensaje de Washington es cada vez más contundente. Hegseth aseguró ante los integrantes de la coalición que Estados Unidos está decidido a trabajar con sus aliados para “desmantelar” los cárteles transnacionales, mientras el comandante del SOUTHCOM, general Francis Donovan, sostiene que la nueva doctrina busca ejercer presión simultánea sobre las organizaciones criminales. La intensificación abre, sin embargo, un debate regional sobre hasta dónde llegará el empleo de la fuerza militar estadounidense, cuáles serán los límites de estas operaciones y qué consecuencias tendrá una estrategia que coloca la lucha contra el narcotráfico cada vez más cerca de una lógica de guerra.
