Francia vivió este sábado 31 de octubre una nueva jornada de movilizaciones en distintas regiones del país. Según las estimaciones del Ministerio del Interior, alrededor de 320.000 personas participaron en las manifestaciones, convocadas en medio del creciente descontento social por el encarecimiento de la vida, los problemas en los servicios públicos y las dificultades que enfrenta el sistema educativo.
Ante el riesgo de que las concentraciones derivaran en episodios violentos, el Gobierno desplegó aproximadamente 70.000 policías y gendarmes. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, había advertido de un «riesgo muy elevado» de alteraciones del orden público, especialmente durante la noche de Halloween, cuando las autoridades temían que grupos radicales aprovecharan las concentraciones para provocar disturbios y saqueos.
Las protestas reunieron a estudiantes de secundaria y universitarios, activistas climáticos, sindicatos y simpatizantes del movimiento de los chalecos amarillos. Las reivindicaciones iniciales relacionadas con las condiciones educativas se han ampliado para incluir el rechazo al costo de la vida, la desigualdad y el deterioro de los servicios públicos.
Aunque buena parte de las movilizaciones transcurrió de forma pacífica, se registraron enfrentamientos aislados con las fuerzas de seguridad en ciudades como París, Lyon, Toulouse y Marsella. En la capital francesa, las autoridades modificaron el recorrido de las marchas para reducir los riesgos de violencia y proteger comercios y espacios públicos.
La movilización de este sábado representa una nueva prueba para el Gobierno francés, que intenta evitar que las protestas deriven en nuevos episodios de vandalismo y saqueos, como los registrados durante jornadas anteriores. Mientras continúan las manifestaciones, las autoridades mantienen un dispositivo especial de seguridad y han advertido que responderán con firmeza ante cualquier acto violento.