Deportados por EE.UU. en África: hoteles vigilados, cárceles y una vida marcada por la incertidumbre

Darwyn Rosales

septiembre 15, 2026

Desde 2025, Estados Unidos ha utilizado acuerdos con terceros países para enviar a migrantes que no pueden —o no quieren— ser deportados directamente a sus naciones de origen. A comienzos de septiembre de 2026, el registro Third Country Deportation Watch contabilizaba más de 25.000 deportaciones a terceros países en todo el mundo, aunque la gran mayoría corresponde a México; en África, los traslados se han producido hacia países como Guinea Ecuatorial, Esuatini, República Centroafricana, Liberia, Ghana, Ruanda, Sierra Leona, Burundi y Camerún. En un período de apenas diez días, más de 100 personas de nacionalidades como afgana, cubana, nicaragüense, iraní, venezolana, turca y nepalí fueron enviadas a ocho países africanos.

Las condiciones varían considerablemente según el destino. En Malabo, Guinea Ecuatorial, 31 deportados permanecen en el Hotel Bamy, bajo vigilancia y con denuncias de falta de atención médica y asistencia legal; recientemente se produjo un incidente en el que policías apuntaron con armas a algunos de ellos. En Bangui, República Centroafricana, varios fueron alojados en el complejo de apartamentos Maison Confort, en el barrio de Lakouanga, después de llegar en vuelos procedentes de Estados Unidos. En Esuatini, al menos 30 personas han sido enviadas al Matsapha Correctional Complex, una prisión de máxima seguridad, donde algunos llevan más de un año.

El futuro de estas personas sigue siendo incierto. Algunos han conseguido posteriormente regresar a sus países de origen, pero otros permanecen detenidos o bajo vigilancia y enfrentan el riesgo de ser enviados nuevamente a lugares donde aseguran temer persecución, tortura o incluso la muerte. Organizaciones de derechos humanos advierten del peligro de una “devolución en cadena”, mientras Washington sostiene que estos acuerdos forman parte de su política migratoria y que ofrece a quienes no pueden ser devueltos a su país la posibilidad de aceptar un tercer destino. El debate central ahora es si estos deportados podrán recuperar su libertad, acceder a protección internacional y, eventualmente, regresar de forma segura a sus verdaderos lugares de origen.

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Darwyn Rosales
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