El fuego arrasó un edificio histórico de 1883 durante una jornada de protestas que congregó a unas 550.000 personas en todo el país. Francia afronta una de sus mayores crisis de orden público de los últimos años, con saqueos, enfrentamientos con la Policía y graves daños en instalaciones públicas y comercios.
El incendio se originó, cuando un grupo de encapuchados irrumpió en el Ayuntamiento de Limoges y prendió fuego al inmueble. Las llamas destruyeron el tejado y provocaron el derrumbe de la torre del reloj, de 43 metros de altura. El edificio quedó gravemente dañado, con varias salas históricas destruidas y la estructura central en situación precaria. Las autoridades locales calificaron el suceso como una catástrofe patrimonial.
La violencia se extendió a París, Marsella, Lyon y otras ciudades, en medio de manifestaciones contra el aumento del coste de la vida y las deficiencias de los servicios públicos, especialmente en el ámbito educativo. Según los datos difundidos por las autoridades y medios franceses, las protestas reunieron a unas 550.000 personas. Los balances posteriores elevaron a cerca de 2.400 las personas detenidas en el conjunto del país, mientras que alrededor de 1.000 policías y gendarmes resultaron heridos, según Euronews.
El Gobierno francés anunció un refuerzo de la seguridad ante nuevas movilizaciones. El primer ministro, Sébastien Lecornu, reconoció fallos en la respuesta de las fuerzas de seguridad y anunció un amplio despliegue policial y militar para las próximas protestas. Este martes 20 de octubre, además, fue detenido un hombre sospechoso de estar relacionado con el incendio del Ayuntamiento de Limoges, mientras continúa la investigación para esclarecer los hechos y determinar responsabilidades.