La política migratoria de Estados Unidos ha entrado en una nueva fase de intensificación. ICE detuvo a 49.571 personas durante julio de 2026, el mayor registro mensual del segundo mandato de Donald Trump y un 15 % más que en junio. Más de la mitad de los detenidos en julio no tenía antecedentes penales, según datos gubernamentales obtenidos y analizados por Associated Press y The Washington Post.
Uno de los casos que refleja el impacto humano de esta política es el del colombiano Zoilo Viloria, detenido en Tacoma, Washington. Viloria había llegado a EE.UU. con visa de turista, posteriormente solicitó asilo y contaba, según su familia, con permiso de trabajo y licencia de conducir. Fue detenido junto a un compañero después de detenerse en un McDonald’s mientras se dirigían a trabajar. Su situación evidencia que tener una solicitud de asilo pendiente o autorización laboral no necesariamente impide una detención migratoria.
Los datos muestran además un cambio en las estrategias de ICE. Las autoridades han incrementado los arrestos fuera de cárceles y centros penitenciarios, mediante operaciones en comunidades, controles de tráfico y, más recientemente, aeropuertos. En julio, aproximadamente la mitad de las detenciones fueron realizadas directamente en la comunidad, mientras que las asociaciones entre policías estatales o locales e ICE representaron unas 6.500 detenciones.
El fenómeno está provocando preocupación entre abogados y organizaciones que representan a inmigrantes, especialmente por los casos de personas sin antecedentes penales, solicitantes de asilo y trabajadores que llevan años establecidos en Estados Unidos. El impacto trasciende la detención: cuando un trabajador es privado de libertad, una familia puede perder de inmediato su principal fuente de ingresos, además de enfrentar gastos legales, separación familiar e incertidumbre sobre el futuro.
La Administración Trump sostiene que la prioridad es identificar a inmigrantes que representan un riesgo para la seguridad pública. Sin embargo, las cifras muestran que la campaña de deportaciones está alcanzando también a numerosas personas sin condenas penales. Con casi 50.000 arrestos en un solo mes, ICE ha convertido la aplicación de las leyes migratorias en una realidad cotidiana para miles de familias que ahora viven con el temor de que una parada de tráfico, un viaje o incluso una jornada normal de trabajo pueda terminar en una detención.