Un nuevo choque político entre Washington y Caracas se desató luego de que la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, rindiera homenaje a Fidel Castro con motivo del centenario de su nacimiento, calificándolo como un líder que «trasciende el tiempo» y permanece como referencia para los pueblos de América Latina. El mensaje provocó una inmediata y contundente respuesta del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, quien lanzó una severa advertencia a quienes reivindican el legado del exgobernante cubano.
En una publicación difundida en sus redes sociales, Rubio afirmó que «Fidel Castro fue un completo fracaso en todo, excepto en destruir Cuba y empobrecer, encarcelar y asesinar a su propia gente», añadiendo que cualquier dirigente que pretenda seguir ese modelo «debería reconsiderarlo cuidadosamente», porque estaría encaminándose al mismo resultado.
La reacción del jefe de la diplomacia estadounidense se produjo después de que Rodríguez recordara al líder de la Revolución Cubana en el centenario de su natalicio. En su mensaje, aseguró que Castro fue un dirigente comprometido con «la dignidad, la justicia social, la soberanía y el internacionalismo solidario», además de describirlo como una figura cuya influencia permanece vigente en la memoria colectiva.
Las declaraciones fueron interpretadas por diversos dirigentes republicanos estadounidenses como una reivindicación del modelo político cubano, generando nuevas críticas desde Washington hacia el Gobierno venezolano.
La respuesta de Rubio se enmarca en una línea de fuerte confrontación con los gobiernos de Cuba y Venezuela, una postura que ha mantenido durante años y que ha reforzado desde que asumió la Secretaría de Estado.
El funcionario volvió a responsabilizar al régimen instaurado por Fidel Castro de décadas de represión, crisis económica y éxodo masivo de cubanos, insistiendo en que la historia demuestra el fracaso del modelo implantado en la isla.
El intercambio de declaraciones evidencia que la relación entre Washington y Caracas continúa marcada por profundas diferencias ideológicas.
Mientras el Gobierno venezolano mantiene a Fidel Castro como una de sus principales referencias políticas e históricas, la Administración estadounidense sostiene una visión diametralmente opuesta y considera al exmandatario cubano responsable de instaurar un sistema autoritario que, según afirma, continúa influyendo en la región.