Irán vive horas de máxima tensión. Miles de ciudadanos han salido a las calles para formar cadenas humanas alrededor de centrales eléctricas y puentes, en un intento desesperado por proteger infraestructuras clave ante las amenazas directas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Las imágenes, que se repiten en varias ciudades, muestran a civiles apostándose como escudos humanos frente a posibles objetivos militares, en medio del temor creciente a un ataque inminente si Teherán no accede a reabrir el estratégico estrecho de Ormuz.
El pasado 5 de abril, Trump elevó el tono al advertir que “desatará el infierno” sobre Irán si no se cumple su ultimátum. Aunque posteriormente insinuó una prórroga de 24 horas, fijando un nuevo límite para el martes 7 de abril, la amenaza ha encendido las alarmas dentro y fuera del país.
La respuesta ciudadana refleja no solo el miedo, sino también la magnitud de la crisis que se cierne sobre la región, en un escenario donde cualquier error podría desencadenar un conflicto de gran escala con impacto global.
Mientras tanto, la comunidad internacional observa con preocupación cómo el pulso entre Washington y Teherán se acerca peligrosamente a un punto de no retorno.