Washington pone el petróleo venezolano en el centro del nuevo mapa energético mundial

Darwyn Rosales

septiembre 14, 2026

Estados Unidos empieza a mirar a Venezuela como una pieza estratégica para desplazar hacia el hemisferio occidental el eje geopolítico del petróleo, en medio de la crisis energética provocada por la inestabilidad en Oriente Medio. La señal más contundente llegó este lunes desde Houston, donde el secretario del Interior estadounidense, Doug Burgum, afirmó que el centro geopolítico del petróleo está “moviéndose” desde Oriente Medio hacia el hemisferio occidental. Las declaraciones se produjeron durante la reunión de Energía del G20, que se extenderá hasta el miércoles.

En ese nuevo escenario, Venezuela ocupa un lugar inesperadamente relevante. Aunque no pertenece al G20, el Gobierno de Donald Trump invitó a una delegación venezolana a participar en el encuentro energético de Houston. La representación estará encabezada por la ministra de Hidrocarburos, Paula Henao, y el vicepresidente ejecutivo de PDVSA, Jovanny Martínez. Caracas no participará en las sesiones ministeriales oficiales a puerta cerrada, pero sí tendrá acceso a reuniones bilaterales, actividades paralelas y encuentros con representantes de la industria energética.

La invitación adquiere especial importancia por el rápido acercamiento energético entre Washington y Caracas. Apenas unas semanas después del macroacuerdo petrolero anunciado entre ambos países, empresas estadounidenses e internacionales han comenzado a explorar nuevas oportunidades en Venezuela. Chevron, por ejemplo, acordó ampliar sus operaciones en el país, mientras Caracas busca atraer capital, tecnología y compañías extranjeras para recuperar su industria petrolera.

El trasfondo es una transformación del mercado energético mundial. La guerra y las interrupciones de suministro en Oriente Medio han elevado la preocupación por la seguridad energética y han presionado los precios del crudo y del gas. Para Washington, la enorme disponibilidad de recursos de Venezuela y su ubicación en el hemisferio occidental convierten al país en una alternativa estratégica, aunque convertir ese potencial en producción efectiva requerirá inversiones multimillonarias, infraestructura y estabilidad operativa.

La presencia venezolana en Houston, por tanto, va mucho más allá de una simple participación diplomática: coloca nuevamente al país en el tablero de las grandes decisiones energéticas internacionales y evidencia hasta qué punto el petróleo venezolano se ha convertido en un elemento de interés estratégico para Washington. El mensaje de Burgum abre una nueva interrogante: ¿está Venezuela llamada a convertirse en el nuevo gran eje petrolero del hemisferio occidental?

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Darwyn Rosales
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