Mientras Venezuela continúa enfrentando una profunda crisis económica y social, organizaciones y especialistas alertan sobre otra emergencia que avanza silenciosamente: el deterioro de la salud mental y el aumento de los suicidios en el país.
El Observatorio Venezolano de Violencia estimó que durante 2024 ocurrieron alrededor de 1.962 muertes por suicidio en Venezuela, una cifra que evidencia la gravedad del problema y que, según expertos, podría ser aún mayor debido al subregistro y a la ausencia de estadísticas oficiales actualizadas.
El informe anual sobre violencia autoinfligida del OVV señala que la tasa nacional alcanzó 6,9 suicidios por cada 100 mil habitantes, en un contexto marcado por años de crisis económica, incertidumbre, migración forzada, soledad y deterioro de las condiciones de vida.
Los datos muestran además que más del 80% de los casos correspondieron a hombres y que la mayoría de las víctimas eran adultos entre 30 y 64 años, aunque también se registraron casos entre jóvenes, adultos mayores y menores de edad.
Especialistas en salud mental advierten que detrás de muchos de estos casos existieron señales previas que frecuentemente pasan desapercibidas: aislamiento, ansiedad, insomnio, desesperanza, cambios bruscos de conducta y verbalizaciones recurrentes relacionadas con la muerte.
“Hablar del suicidio no provoca el suicidio; al contrario, puede salvar vidas”, han insistido psicólogos y psiquiatras que llaman a romper el tabú alrededor de la salud mental en Venezuela.
El OVV también alertó que la crisis humanitaria prolongada, el duelo migratorio y la incertidumbre política continúan impactando emocionalmente a millones de venezolanos, especialmente a quienes enfrentan precariedad económica, separación familiar o aislamiento social.
La organización subrayó que la falta de políticas públicas, programas preventivos y atención psicológica accesible agrava aún más el panorama, mientras hospitales y servicios especializados enfrentan severas limitaciones operativas.
Expertos recomiendan prestar atención a cambios emocionales persistentes, buscar apoyo profesional y fortalecer redes familiares y comunitarias como mecanismos de prevención ante una problemática que, aseguran, ya se ha convertido en una emergencia de salud pública en Venezuela.